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Sálvese quien deba:
La seguridad del paciente

En caso de duda

A partir de los años noventa, el principio de precaución ha sido invocado para reclamar o justificar medidas de prevención en ausencia de certeza de riesgo; podemos citar, a título de ejemplo, el embargo europeo a la carne bovina inglesa (1996) antes que fuera probado científicamente el riesgo de transmisión al hombre de la enfermedad de las vacas locas; el abandono de un proyecto de línea de alta tensión en Bélgica (1999) sin que pudiera demostrarse la nocividad de los campos electromagnéticos; la destrucción en Francia (año 2000) de cultivos de soja con OGM sin que se conociera realmente su efecto sobre el medio ambiente. En virtud del principio de precaución, no es suficiente apoyarse sobre el conocimiento existente en el momento de la toma de decisiones para poder ser exculpado de responsabilidad en un futuro; quién decide, sea quien fuere, tiene una obligación de anticipación.

¿Y si...?

Existen dos maneras de identificar los riesgos en un centro sanitario: antes de que causen un incidente, accidente o evento adverso (identificación proactiva), es decir, anticipándote a su materialización y una vez han ocurrido, es decir, a toro pasado (identificación reactiva). En cualquier caso, para conocer los riesgos potenciales que puedan afectar a los pacientes es necesaria la existencia de información específica.
La prevención primaria de los eventos adversos es aquella capaz de detectarlos de manera previa a su aparición y tiene como finalidad reducir su incidencia, incrementando aquellos factores que mejoran la seguridad del paciente y reduciendo aquellos que contribuyen y predisponen a la aparición de errores y fallos de las barreras del sistema. A tal fin debe destacarse la importancia del fomento de una cultura de la seguridad proactiva ante el riesgo y favorecedora del aprendizaje a partir de los errores y fallos acaecidos, la formación y entrenamiento de los profesionales en técnicas y procedimientos seguros, las conductas dirigidas a evitar procedimientos diagnósticos y terapéuticos innecesarios y sin evidencia de su beneficio para el paciente o la erradicación de procedimientos diagnósticos y tratamientos para los que existen alternativas efectivas más seguras.

Aprendiendo de la experiencia

No se debe gestionar de oído; algunos lo hacen y así nos va. No se puede promocionar la seguridad de los pacientes, trabajar para mejorar la calidad asistencial que se les proporciona, sin que exista un retorno de información sobre lo que está ocurriendo con ellos y que la misma provenga de los trabajadores de primera línea, médicos, enfermeras, matronas, farmacéuticos y otros profesionales sanitarios. 
Datos hay muchos; básicamente de la actividad que se hace con los pacientes: intervenciones quirúrgicas, días de estancias, urgencias atendidas, etc. Su agregación en forma de indicadores sanitarios y su análisis, proporcionan información suficiente para poder tomar las decisiones más eficientes y efectivas en el marco de actuación de cada uno. Existen indicadores de calidad que forman parte de los cuadros de mandos de hospitales y centros de salud. 

Paradojas de la seguridad

La seguridad asistencial (y su correlativa inseguridad) es uno de los problemas que más debiera de preocupar a los pacientes, sus familiares y a los ciudadanos que interaccionan con el sistema de salud. Se repite con frecuencia que la sociedad actual es la de las “tecnologías”, pero también la de los “riesgos” (término acuñado por Beck). Surgen nuevas enfermedades, renacen antiguas y retoma importancia la capacidad cada vez más agresiva que no efectiva de los métodos de prevención y tratamiento de esas enfermedades.
Hoy en día existen modelos de seguridad de diferentes estratos, desde un nivel mínimo hasta los sistemas de máxima seguridad. Siendo el dintel de seguridad tan distinto, sin embargo, se constatan dos fenómenos paradójicos: si no se avanza en seguridad, al primer incidente o accidente grave, se tendrán muchos problemas; y, por otro lado, los progresos que se realizan, al cabo de los años, tienden a disminuir su efecto, por lo que es más que deseable que exista presión (social, mediática, reglamentaria, etc.) para su mantenimiento.

Día mundial de la higiene de manos

Hoy día 5 de mayo; participando con los grupos y compañeros interesados en promover la seguridad de los pacientes. Son bastantes; no suficientes, a lo mejor, pero preocupados y muy activos en promocionar aquello en lo que creen y con lo que se enfrentan a diario; sus enfermos, sus pacientes. Entro todos, un foro abierto en el blog de UCIseguras sobre higiene de manos. Piden participación y se me ocurre homenajear a la persona que abrió la puerta a que hoy se conmemore el día mundial del lavado de manos. Reproduzco lo escrito en el foro. Mi enhorabuena a los compañeros que forman el mundo de UCISeguras; conseguirán aquellos logros que se propongan. No soy ningún experto en materia preventiva. Pero no entiendo porqué, si conocemos la ventaja del lavado de manos en cuanto a prevención de infecciones en nuestro entorno y/o salvar vidas, no lo hacemos. No soy capaz de entender la razón de ésta resistencia. O quizás si y lo refleje en el pequeño homenaje que inserto a continuación. Queda camino por recorrer, vayamos ganando etapas.