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Sálvese quien deba:
La seguridad del paciente

¿El riesgo cero?

Si continuamos con el hilo conductor de la última entrada de este blog (semántica del riesgo), se podría afirmar que la definición de riesgo es la posibilidad de que ocurra algo no deseado. Esta definición tiene dos dimensiones: la primera es la probabilidad, en este caso la posibilidad de que suceda lo indeseado. La segunda es la consecuencia, expresada en ese "algo" indeseado. Otro significado de la palabra riesgo es que generalmente se asocia a un peligro que amenaza, sin aspectos cuantitativos. Las personas se imaginan las consecuencias de un peligro que les amenaza. Esto se refleja más en su dimensión consecuencias que en su dimensión probabilidad
Otro concepto general, quizás el más utilizado en la definición de riesgo, es que el riesgo es la combinación de la probabilidad de que se produzca un hecho y de sus consecuencias. El riesgo se define como el valor esperado de esas consecuencias, que es el producto de la consecuencia por su probabilidad. 

¿Cuestión de semántica o de concepto?

¿Qué entendemos por riesgo? Es concepto fácil de descifrar pero difícil de asimilar. Muchas son las definiciones existentes. Tomemos la siguiente: "probabilidad de que se produzca un resultado indeseable -o la ausencia de un resultado buscado- en el transcurso del proceso (incluye todos los componentes de la acción) de atención sanitaria (en nuestro caso)". Es verdad que digerir la noción de riesgo es complicado. La Real Academia de la Lengua Española, en su 21ª edición de su diccionario, define el concepto riesgo, derivado de la palabra antigua restar (cortar), como "contingencia o proximidad de un posible daño", siendo su origen la palabra latina resecare. También admite "cada una de las contingencias que pueden ser objeto de un contrato de seguro". Se deduce de la noción "riesgo" un peligro o un resultado no deseado (daño posible) en potencia; además sugiere la posibilidad de medida de su aparición utilizando teorías matemáticas (probabilidades). 
 

¿Se aprende de las catástrofes?

Es difícil para mi escribir esta entrada pero al mismo tiempo algo me conduce a expresar lo que siento, desde una perspectiva personal y de entusiasta defensor de la seguridad de los pacientes, ante los desgraciados hechos acaecidos el mes de julio en la Comunidad Autónoma de Galicia. Transcurrido algo más de un mes me atrevo a poner negro sobre blanco las reflexiones que me sugiere esta y otras catástrofes ocurridas no hace mucho tiempo en nuestro país. El pasado 24 de julio la conmoción por el accidente de Santiago nos sacudió a todos sin excepción. Inmediatamente se atribuyó la causa del accidente al exceso de velocidad consecuencia del error humano. También es cierto que enseguida se invocaron las "leyes de Reason" y comenzó a prevalecer la teoría de que la realidad de los accidentes es siempre más compleja que la recurrencia al simple error humano. El transporte ferroviario, al igual que el aéreo, son sistemas diseñados dentro del umbral de la "ultra-seguridad" debido a las consecuencias catastróficas de un potencial accidente.

La cenicienta

Leo con horror la siguiente noticia: "al menos 37 personas han fallecido a causa de un incendio registrado el pasado 13 de septiembre de 2013 en un hospital psiquiátrico de la provincia rusa de Novgorod (centro), lo que supone el tercero de estas características que se produce en Rusia en lo que va de año".
El primero y más grave, con 38 fallecidos, ocurrió el 26 abril en un hospital psiquiátrico de la región de Moscú. En el segundo, el 1 de mayo, murió una persona en el incendio registrado en una clínica psiquiátrica del pueblo de Burnak, en el distrito Zherdevski en la región de Tambov, que obligó a evacuar a otros 52 pacientes.
La fallecida era una paciente que incendió su colchón mientras fumaba en su cama" (este hecho me trae a la memoria mi estreno como Director Gerente en un hospital hace ya mucho tiempo, en el que, a las pocas horas de tomar posesión, se quemó un ala del hospital por el incendio de un colchón por fumar el paciente en la cama; afortunadamente no pasó nada grave, al menos en términos de daños o lesiones). 

Sentido común

Numerosos datos y estadísticas aportan información relevante sobre la existencia de eventos adversos en el campo de la salud. Este torrente de noticias que se ha acrecentado en el transcurso del tiempo nos ha hecho ser consciente sobre la existencia de una idea, de un concepto, de una disciplina denominada seguridad de los pacientes y la legítima preocupación que muchos tenemos por la misma. En cierto modo, si esa era el objetivo, se ha cubierto con creces. La seguridad de los pacientes es un concepto que suena a casi todos, cuya existencia es ya conocida y que su aplicación puede proporcionar beneficios a todos los actores implicados en su génesis y razón de ser: profesionales y pacientes, en primer lugar, pero también empresarios del sector, administraciones sanitarias, políticos, directivos, proveedores y un innumerable etcétera.