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Sálvese quien deba:
La seguridad del paciente

Un apretón de manos es una forma de comunicación no verbal, en la que dos manos son aferradas una con la otra. Su propósito es demostrar buenas intenciones. Generalmente es considerado inapropiado el rechazar un apretón de manos y en la mayoría de los círculos sociales se espera que aquella persona con el mayor estatus social sea quien lo inicie. En Occidente se practica ese saludo al encontrarse y al despedirse o cuando se termina un acuerdo y suelen hacerse varias sacudidas. El apretón de manos es un vestigio que queda del hombre de las cavernas. Cuando dos cavernícolas se encontraban, levantaban los brazos con las palmas a la vista para demostrar que no escondían ninguna arma. Fue utilizado en su forma moderna por primera vez por los cuáqueros (RAE) ingleses en el siglo XVII. El resultado del apretón de manos es el que cada uno transmite al otro un sentimiento de respeto y de simpatía, de buena educación, confianza, calidez y honestidad. Por tanto se trata de una costumbre social arraigada en nuestra sociedad. 
En los últimos tiempos existe una corriente sanitaria avalada por algunos renombrados artículos (JAMA 15/5/2014) contra el apretón de manos por considerarse un vehículo de transmisión de patógenos. 
¿Son muchos los encuentros profesionales sanitarios y pacientes que se inician y acaban con un apretón de manos? No creo que en nuestro país, esta sea una costumbre arraigada en el ámbito hospitalario; quizás tiene alguna frecuencia más alta en las visitas que se desarrollan en centros de salud, pero tampoco es como para tirar cohetes. Se apela a la contaminación cruzada de las manos de los profesionales por parte de los pacientes como causa de transmisión de enfermedades e, incluso, como etiología de la cada vez mayor resistencia antibiótica. Que duda cabe que los apretones de manos pueden transmitir agentes microbianos. Está descrito desde hace mucho tiempo.
¿Sustituimos, entonces, el apretón de manos por los gestos "Namaste" (asiáticos del sur), "Wai" (tailandeses) o el "Saalam" (árabe)? ¿O por el saludo maorí tradicional en Nueva Zelanda llamado "Hongi", consistente en poner nariz con nariz y aspirar el aire? ¿O quizás por el saludo 'kinuk' que se practica en otras regiones como Siberia o Alaska?

 
 
 
Las habilidades comunicativas son imprescindibles para establecer una relación médico-paciente satisfactoria. No es nada extraño encontrar en cualquier manual de entrevista médica una alusión al saludo al paciente: se realizará dando los buenos días, tardes o noches, según el horario en que se efectúe la entrevista; si se le agrega el estrechar la mano mejor aún, se hace más caluroso y afectivo el acto. 
 
 
Pedro Laín Entralgo (la relación médico-enfermo, Madrid, Alianza, 1983) considera que cuando se encuentran médico y paciente lo primero que hay es la mirada, y dentro de ella la primera instancia es para la cara y luego para el resto del cuerpo. Después viene la palabra, pero la mirada sigue presente. Finalmente el tacto confirma la realidad de lo que el paciente está viendo y oyendo ( el saludo con la mano, la palpación durante la exploración). Y continúa diciendo que, mientras la mirada del paciente es de petición de ayuda, de comprensión, la del médico debe ser inicialmente de acogida y posteriormente ya podrá ser objetivante, de investigación. En concepto de este autor, la palabra del médico se utiliza para convencer y cuando a esa palabra se le agrega afecto, sentimiento, se puede pensar en persuadir. 
 
 
Pensar en que si dejamos de saludar dando la mano a los pacientes hará posible la erradicación de las infecciones o que éstas disminuirán de manera notable si mantenemos esa precaución hasta la obsesión, es simplemente una quimera. Es correcto mantener determinadas medidas para evitar la transmisión de infecciones (fundamentalmente la higiene de manos), pero obsesionarse con ello no es más que otra patología. Una gran mayoría de pacientes desean una relación personal con su médico, que se ponga en evidencia a través de acciones tan simples y efectivas como el apretón de manos y el uso del nombre de pila por parte del profesional al momento del saludo.
 
 
 

Apretemos las manos de los pacientes como forma de saludo, despedida y confianza; no hagamos caso de las conductas quiméricas que ahondarán aún más la brecha existente entre pacientes y profesionales. Una buena higiene de manos será mucho más efectiva que esta recomendación de negar el saludo gestual a los pacientes. Choca esos cinco, pues.

 

Comentarios   

# draherraizmedicoypaciente.com 09-06-2014 19:27
Totalmente de acuerdo con el post.
En mi caso lo puedo testificar como médico (siempre me presento con mi nombre y dando la mano) y ahora como paciente, me encuentro con que, hay muchos profesionales que parece que ni te miren a la cara cuando entras en la consulta, me molesta mucho más el hecho de que si al preguntarme por la profesión o al consultarla en la ficha del ordenador ven que soy un "colega" cambien la situación: todos somos iguales, somos pacientes que necesitamos que nos demuestren que interesa no sólo nuestra patología si no nosotros como personas, no somos enfermos, somos personas con una enfermedad, que es muy diferente.
# José María Ruiz Ortega 09-06-2014 22:15
Muchas gracias Dra. Herraiz por su acertado comentario. Este tipo de recomendaciones que persiguen una mayor seguridad a los pacientes, a veces, tomadas en su literalidad, deshumanizan aún más la asistencia sanitaria. Bajo mi punto de vista urge reforzar los valores de un profesionalismo : compromiso,
espíritu de servicio y personalización de la relación con los pacientes, en estos casos, sus compañeros de profesión. Todo lo anterior regido por una correcto hacer, excelencia y, aún más en el caso de los profesionales sanitarios como pacientes, el respeto a la autonomía.
Muchas gracias; mucha suerte. Muy interesante su blog: http://draherraizmedicoypaciente.com/

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